Medios

Encuesta – La Disculpa de Eliodoro


Día de polémicas y reacciones varias a la entrevista de Eliodoro Matte en El Mercurio del domingo, ofreciendo disculpas y reconociendo diez años de colusión en el mercado del papel tissue. ¿Qué opina usted?

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Apología de la Disculpa


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No será el primero, ni será el último. Pedir disculpas públicas cuando se ha obrado mal, cuando se es sorprendido in-nfraganti, cuando la evidencia es tan contundente, cuando ya no queda nada más que hacer.

El poder de la disculpa es innegable. Si es una acto honesto, de corazón, empático, puede ayudar a que el barco no se hunda o incluso salga a flote. Un ejemplo emblemático, y siempre usado por expertos, es el de John Kennedy, que tras pedir disculpas en cadena nacional por el desastre de la invasión de Bahía de Cochinos vio cómo su aprobación en las encuestas subió. En las culturas orientales, como la japonesa, la disculpa pública es una acto de profunda significancia, ya que es asumir públicamente una humillación y el deshonor. La imagen de los ejecutivos de Toshiba pidiendo disculpas (y que ilustra este artículo) luego de reconocer maquillajes contables por 1.600 millones de dólares, es una foto icónica.

La entrevista en El Mercurio de Eliodoro Matte, publicada hoy es una jugada pensada a la perfección. Incluso da la sensación de una calibración al extremo, con un gesto piadoso (con las manos unidas en oración) pidiendo disculpas a todo el mundo. Toooooodo el mundo, políticos, empresarios, consumidores, analistas, reguladores en Chile y el extranjero, diáconos, sacerdotes, obispos y en ciudadanos todos.

Pero la pregunta del millón de dólares es si todas estas personas le van a creer. Sin credibilidad la disculpa carece de sentido. Y en este caso, el medio para hacerlo es clave. Y aquí es donde se equivocó medio a medio. Pedir perdón es un acto emocional, no racional. Las disculpas se sienten, no se entienden. Se hacen en vivo, en un medio caliente como la radio o la televisión, donde la gente puede apreciar la honestidad de la disculpa y juzgarla libremente. La memoria es frágil, así es que un buen recordatorio son las lágrimas de Vidal tras el escándalo del choque en la Ferrari. De acuerdo o no, la gente lo perdonó.

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Una entrevista en un diario afín, controlada, mesurada en extremis, calculada hasta en el gesto de las manos, no emociona. No genera empatía. No conmueve. ¿Por qué creerle?

No hay que desconocer el acto, pero es pequeño y no suficiente. Una disculpa es un acto de grandeza y requiere valor. Mucho más que el que se necesita para una entrevista exclusiva.

El Pulso de la Opinión Pública


Tuve la suerte de asistir a la presentación del estudio sobre Periodismo y Redes Sociales, llevado a cabo por el think tank digital de la PUC, Tren Ditgital  y la empresa vanguardia comunicación. Buena presentación, buenas conclusiones y claro está, muchas interrogantes y temas para seguir explorando que se puede acceder aquí.

Pero quiero hacerme cargo de un par. Durante la parte del debate, en donde participaron activamente como panelistas Andrés Azócar (@andresazocar) y  Eduardo Arriagada (@earriagada), la discusión se centró en un pequeño detalle olvidado de una de las slides que hablaban de la utilidad de las redes sociales para los periodistas en Chile.

Un 69% de los encuestados respondió que las usaban para sentir “el pulso” de la opinión pública.

Slide1

Las implicancias, al menos desde mi punto de vista, fueron inmediatas. Lo que nos dicen los periodistas es que la Opinión Pública -ese ente imposible de abordar pero que el periodismo busca interpretar y defender- está vivo en las redes sociales. Se manifiesta de manera inmediata, en tiempo real. Twitter es así su principal caja de resonancia y lo que se dice en las redes es lo que piensa la Opinión Pública.

El simplismo de la afirmación da susto. La sobresimplificación es peligrosa. Frases de 140 caracteres no son capaces de reflejar la Opinión Pública, pero están causando impacto. Generan ruido, amplifican tendencia, ayudan a modelar -incluso- la agenda temática. Por lo tanto -siguiendo la misma simplificación- un tweet que es altamente compartido se considera como algo que interpreta a la opinión pública. Y el que genera más viralización de sus contenidos, es el rey.

Pero no es la opinión pública la que habla allí. Es sólo una muestra. Más segmentada, opinante, vociferante, intolerante, anónima y ahora influyente. La tentación es clara y es que para ser exitoso hay que seguir lo que pasa en las redes, que es como la calle, pero 2.0. Y sabemos cómo eso puede terminar.

El otro detalle que me llamó la atención tiene que ver con la influencia de las redes sociales en los periodistas y en los medios en que ellos trabajan. Un porcentaje importante, 58%, dijo que lo pasaba en las redes sociales marcaba la pauta noticiosa en general. En tanto que un 42% menciona que efectivamente impacta en las decisiones editoriales del medio en el que trabaja.

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O sea. La redes no sólo son la opinión pública, sino que además definen la agenda. Tal vez me adelanté mucho, pero no deja de ser provocador.

Cómo para seguir la conversación. ¿Es tan así? ¿Está cambiando el periodismo o sólo está cambiando la forma en que se hace el periodismo? Temas para otras columnas, para otras conversaciones.

Tal vez en las redes sociales.

No me gusta: Los riesgos de las noticias móviles


Folha m 21Jan2015

Todos los argentinos estamos conmovidos por la muerte del fiscal Nisman. En mi caso, un aspecto que me llamó la atención es que la Presidenta Cristina haya decidido publicar sus declaraciones sobre el tema en Facebook.

Como en muchos países, en Argentina la Presidencia de la República tiene a disposición todos los canales de TV y las radios del país para emitir declaraciones de importancia en vivo, mecanismo conocido como “cadena nacional”. Es habitual que la Presidenta use la cadena nacional. También está a su disposición el cuerpo de prensa dedicado a cubrir las actividades del presidente y por supuesto, el sitio web de la presidencia. Entre todos estos medios, me resultó llamativo que la Presidenta haya elegido Facebook para publicar sus comentarios sobre la muerte del fiscal.

Es el mismo medio en el que voy a publicar un link a este post. Facebook es muy efectivo para diseminar información a nuestros celulares, mediante las notificaciones. Otros apps pueden tener o no permiso de interrumpirnos en cualquier momento en nuestros teléfonos. Facebook, en cambio, es muy probable que esté autorizado.

Los medios más avanzados explotan las notificaciones de Facebook para aumentar el tráfico en sus sitios. De hecho, los hábitos de consumo de noticias han cambiado tanto que los medios más vanguardistas como Quartz, que conocimos gracias a Denken Uber, se están replanteando la importancia de las tapas. Si las noticias más relevantes nos encuentran mediante las notificaciones móviles, se preguntan estos medios, ¿para qué seguir todo el proceso editorial que desemboca en la tapa?

Ahí viene lo más curioso. Esta nota de Facebook de Cristina en particular hace referencia a 3 tapas del diario Clarín de Argentina. Son las únicas ilustraciones de la nota. Es decir, la nota usa el medio más efectivo del momento para hablar del medio histórico por excelencia. Como el tango electrónico, es una manifestación ultramoderna de nostalgia.

También es una imprudencia colosal. Sin entrar en el contenido de la nota presidencial, publicar sólo en Facebook elimina todo el contexto, el marco, que les da a las tapas su valor en la comunicación. Pone la declaración de la presidenta entre el cumpleaños de mi cuñado y las vacaciones de mis amigos. O, como pasó con la página móvil del Folha de S. Paulo que reprodujimos aquí, justo arriba de las manifestaciones por el nudismo en Brasil.

Sin duda el lugar de un presidente es junto a su pueblo, pero todavía estamos por entender todos los efectos del cambio a las noticias móviles. Mientras tanto, mejor cubrirnos con una buena tapa.

Disrupción y Televisión


Ayer se publicó el Segundo Informe Anual de la Asociación Nacional de Televisión de Chile, Anatel y no deja de ser un ejercicio extremadamente interesante de leer y analizar. Con casi 60 páginas, el informe hace frente a muchos de los desafíos de enfrente la ya entrañable televisión abierta o de libre recepción. Desde la convivencia con la TV de pago -ya sea satelital o por cable- que cuenta con más d 2,7 millones de suscriptores en el país, hasta el desafío que implica el visionado de contenidos en una segunda pantalla, como un tablet o un smartphone y el gran emprendimiento que significa el desarrollo de la Televisión Digital Terrestre.

Pero me quedé con gusto a poco en un área específica del estudio, que creo que no abordó lo suficiente y que en el árticulo final, el profesor de la Universidad Católica, Valerio Fuenzalida roza un poquito: El cambio tecnológico.

La Televisión abierta, al igual que los diarios impresos, está viviendo cambios más rápidos y veloces en su modelo de negocios de lo que es capaz de reaccionar. La televisión en Chile hoy está abocada a solucionar la implementación de la Televisión Digital Terrestre -TDT- y a ver cómo convive con el cable. Pero no está mirando con suficiente atención lo que está sucediendo en Internet. Algunos puntos para reflexionar:

  1. La TDT no es un panacea, todo lo contrario. Una de las promesas es que permitirá multiplicar las señales que se distribuyen por el aire y de manera gratuita, lo que permitiría el surgimiento de canales locales. Promete también, por esta misma razón, que exista mayor pluralismo en la oferta televisiva disponible. Todos objetivos loables pero irrealizables. Hacer televisión es caro. Se requiere capital para montar una infraestructura básica, capital intelectual y humano que tenga capacidad de producir contenido de manera continua y de un flujo de ingresos permanente. En TV abierta ese flujo es la publicidad  y no alcanza para todos. La inversión publicitaria está, en la más optimista de las opiniones, a lo menos estable. Si aumenta la cantidad de canales, tendremos más actores compitiendo por una torta cada vez más pequeña, España es un buen ejemplo de cómo estos canales, que terminaron siendo administrados por municipalidades, simplemente fracasaron.
  2. El consumo por Internet: Hay varios fenómenos simultáneos sucediendo. Uno es el surgimiento de las “segundas pantallas” que funcionan como extensión de la programación que se transmite en la señal abierta o de pago. Es interesante, como una forma de aumentar el acceso al contenido, pero es más bien una reacción para no perder la audiencia cuando no está frente a su televisor. Sin embargo lo que está sucediendo son dos cambios clave:
    1. Las producciones que surgen y se distribuyen en Internet. No sólo webseries de bajo presupuesto, sino que al más puro estilo de los grandes estudios. Netflix primero, y Amazon TV después, están cambiando las reglas del juego tanto a la TV abierta como a la tradicional, destruyendo ideas como la hora de exhibición o la cantidad de episodios que se pueden ver.
    2. Es más, quien define a qué hora ver, qué ver y cuánto ver en el consumidor, la persona. No la audiencia. No la productora. Tampoco la emisora. Esto es un cambio gigantesco, pero sus síntomas son todavía casi imperceptibles. Los jóvenes no ven TV, no prenden el aparato para ver “qué están dando”. Buscan el contenido que les interesa y lo consumen. No quieren un televisor en la pieza, sin con el computador o la tablet les basta

En definitiva, el contenido sigue siendo el rey. Lo importante es comprender cómo están cambiando los modelos de distribución y aprovecharlos, de lo contrario el riesgo de quedarse fuera es muy alto. Para cuando el consorcio de los canales de TV haya terminado de implementar la red para TDT es muy probable que estemos hablando ya de otra cosa.

Editen Esto


Por Víctor Aimi

Steve Jobs me perdió cuando dijo “ya nadie más lee”. Mi opinión es que todos estamos leyendo más que nunca, a tal punto que la humanidad ha evolucionado como especie a algo que lee, como ilustran esos gráficos socarrones que completan el paso del mono al hombre con una última persona encorvada con la cara sobre el celular.

evolución humana - vica

Al menos se sentó en lugar de seguir caminando mientras lee

En realidad, entre email, textos, mensajeros, WhatsApp, Facebook, Twitter, LinkedIn, Kindle, iPad y los distintos sitios y apps, la persona promedio pasa muchísimo más tiempo leyendo que hace sólo 10 años. Al punto tal el texto es importante, que en el mecanismo publicitario más extendido en la actualidad, Google, los anunciantes invierten por palabra, en lugar de por segundo o centímetro como antes.

Claro, comparado con las campañas públicas para promover la lectura de libros, una observación despersonalizada es que hoy leemos algo muy diferente a lo que leíamos cuando dedicábamos menos tiempo a la lectura. Entrando en el terreno resbaladizo de las opiniones, el email es una adicción, lo que recibimos en los textos ni siquiera es español, Facebook es una pérdida de tiempo, Twitter todavía no sabemos para qué sirve, en las noticias de Internet no se puede confiar y leer en digital “no es lo mismo” que leer en papel. En resumen, aunque leemos mucho más, pareciera que no nos gusta demasiado lo que leemos y mucho menos, lo que leen otros.

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Se acuerdan de las revistas?

Hasta hace un rato, confiábamos por completo en los editores para elegir que leer. Al leer un diario, sitio o libro, el acuerdo tácito es que otra persona está haciendo el trabajo de seleccionar los temas y presentarlos de una manera que funcione para nosotros. Los mejores editores parecían tener una conexión sobrenatural con su público que les permitía predecir qué les iba a gustar en cada momento. Eso lo hemos reemplazado mal y pronto por los reportes de tráfico.

Ricardo Sametband de La Nación (Argentina) me describía este año la experiencia de editar usando información de tráfico como “fantástica y deprimente a la vez”.  Por un lado, es maravilloso saber en todo momento cuánta gente está leyendo qué cosa e inclusive qué tan lejos llegan a leer cada artículo (me dijo “la pirámide invertida está más vigente que nunca”). Por otro lado, es deprimente comprobar con exactitud los mórbidos intereses de los otros y su falta de curiosidad para llegar hasta el segundo párrafo.

man bites dog

Pero cuánto tráfico tuvo?

En realidad, la versión idealizada de la lectura es el principal obstáculo para evolucionar lo que leemos. El trabajo de Ricardo y todos los otros editores, de usar la información de tráfico sobre los verdaderos intereses de los lectores para crear mejor material de lectura, es la clave del futuro de los medios. Si los medios pudieran contratar más personas para hacer este trabajo, en lugar de seguir achicándose, podríamos tener cosas fantásticas que leer enseguida! Para eso, habría que vender mucha más publicidad online. Ya voy por el sexto párrafo, así que eso lo dejo para otra vez.

Reporteros que Cubren Medios


El mundillo de los medios chilenos ha estado bastante agitado últimamente. Todo el proceso de “racionalización” de Copesa, con decenas de periodistas despedidos y la aún mayor racionalización de los fotógrafos, son el último capítulo de cómo la crisis que ha estado afectando a los medios impresos en todo el mundo también los afecta en Chile.

Por eso, para entender un poquito más sobre qué es lo que está pasando en esta industria y porque después de todo hoy es viernes, voy a elegir un libro y un documento para proponer.

El primero es local, chilensis. Aprovechando la Feria del Libro de Santiago y después de varios años de trabajo, vio finalmente la luz  “Agustín Edwards Eastman: una biografía desclasificada del dueño de El Mercurio” de Víctor Herrero, un relato de luces y sombras de la figura más influyente en la prensa chilena de los últimos 50 años. Tengo pendiente pasar por la librería a comprarlo, pero por 14 mil pesos chilenos (unos 25 dólares) no debiera haber inconvenientes. Igual les propongo que le den una mirada a la entrevista que le hicieron en The Clinic como una previa.

Otra Biografía interesante en este estilo puede ser, y aprovechando que hace pocos días dejó de existir, “A Good Life” la autobiografía del histórico director del Washington Post, Ben Bradley, conocido por la gran mayoría por su rol en las publicaciones del escándalo Watergate y la consecuente renuncia de Richard Nixon en 1974.

La otra recomendación es un documental. Page One: inside The New York Times. Un mirada muy original, en donde David Carr, el reportero que cubre la sección de “Medios” del periódico también cubre lo que sucede dentro del New York Times. Provocador e interesante como el personaje mismo de David Carr. Ciento por ciento recomendable para el fin de semana.

Dos miradas sobre el mismo tema. Los medios, sus dueños, sus historias y sus crisis. Reporteros que cubren a los medios. En serio, no a medias.

La Crisis Absoluta


Leyendo la entrevista de la presidenta del Colegio de Periodistas de Chile, Javiera Olivares, en El Dinamo me deja una sensación extraña. Si bien estoy de acuerdo con ella en que el sistema de medios está en crisis, no puedo entender ni comprender el análisis que hace para llegar a esa conclusión. Cómo que vive en otro planeta, en otro mundo.

Es innegable que los grandes medios en Chile están en crisis. Y también en el mundo. Pero por razones completamente distintas a las que ella cree. Lo que está haciendo Javiera Olivares es aplicar una explicación de la década de los ochenta, de los noventa. Más cercana a la lógica de los grandes medios industriales, donde los costos de los medios de producción de noticias eran extremadamente altos.

La crisis de los medios impresos no exclusiva del país, sino que es global y responde a que simplemente la tecnología de producción y consumo de noticias cambió. Hay toda una cuestión llamada Internet -que por lo visto ella parece ignorar- y que ha remecido principalmente a los medios impresos, diarios y revistas. Y ojo que en el caso nacional, esto no es nuevo, porque históricamente la circulación de medios es baja en comparación a países similares al nuestro.

El surgimiento de las redes sociales, los blogs, los medios ciudadanos, los podcast, los video en youtube y un largo etcétera, son algunos ejemplos de cómo se han ampliado las oportunidades y el pluralismo para quienes consumen medios. Mal que mal, es posible leer en formato digital todos los diarios de papel, más otras sensibilidades como El Mostrador, El Dinamo. Medios ciudadanos como el Morrocotudo, que es fácilmente el medio más importante del Norte del país. Mucho más que los medios de papel. Incluso, CIPER ha marcado un antes y un después en el periodismo de investigación en Chile, a pesar de su propiedad. O que la Universidad Alberto Hurtado haya instaurado el Premio de Periodismo de Excelencia y que uno de sus galardonados sea un medio como The Clinic con un reportaje sobre eutanasia.

El periodismo en Chile, creo yo, se encuentra en su mejor momento. Es más plural y de mejor calidad. Representa visiones de sociedad distinta, contrasta opiniones y busca fundamentos como nunca antes.

Javiera Olivares olvida también que la libertad de expresión se sustenta sobre empresas periodísticas. Es decir, negocios. Los medios al igual que cualquier otro emprendimiento, debe ser capaz de generar ingresos superiores a sus gastos y ésto es lo que está impactando a los diarios de todo el mundo. Lo que pasa con La Segunda, al borde de la desaparición por la irrupción de los medios digitales, es similar a lo que ha sucedido con el New York Times, con el Wall Street Journal, el Washington Post en Estados Unidos, o el mismísimo The Guardian en Gran Bretaña. Y si lo llevamos a revistas, lo que ha pasado con NewsWeek (que ya no publica en papel) o el declive de la revista Time es similar a las dificultades que existen en Chile para crear revistas. Copesa tampoco es la excepción.

Por lo tanto, la crisis que estamos viendo en los medios nacionales no es un hecho aislado. Es un hecho global. Y al igual que en otras partes, el periodista y la disciplina del periodismo debe reinventarse. El año pasado se vendieron en Chile más de 1,5 millones de smartphones y este año se espera que esa cifra se duplique. Es decir, el soporte para recibir la información y las noticias está en la palma de la mano de una buena mayoría de chilenos y el desafío es cómo lograr que la gente acceda a las noticias. Ya no es el alcance, el cómo hacer para llegar a la mayor audiencia posible.

Hay muchísima literatura de esto y me sorprende que no lo tome en cuenta. Hace unos años, en 2011, la revista británica The Economist -un medio conservador que es un ejemplo de buen ejercicio periodístico- publicó un especial titualdo “Back to the coffe house” sobre el futuro de los medios que hace una reflexión muy interesante mirando el futuro del periodismo, con las nuevas tecnologías y todo eso, pero entiendo que la clave está en ver y entender el pasado, 300 años atrás.

Olivares aplica un análisis basado en la concentración de la propiedad, que si bien es válido, bajo las condiciones actuales no se sostiene por ninguna parte que no exista pluralismo informativo en Chile, como mencionaba más arriba. El día que el Estado se ponga a financiar medios vamos a haber dado un paso enorme en la dirección contraria al pluralismo y la libertad de expresión. Por favor no olvdiemos nunca lo que fue la experiencia de La Nación, un medio que en más de 30 años no tuvo independencia alguna y siempre al servicio del gobierno de turno, independientemente del color político.

Lo que sí existe es fragilidad laboral o precariedad. Y en ese sentido es buena la labor. Pero eso no es nuevo. Siempre ha sido así. O nunca escuchó la frase de que el periodismo es un apostolado. Al menos a mi la dijeron en mi primer día de clases en la universidad y sabía que las cosas estaban cambiando y que se podían abrir nuevos rumbos para todos los que estudiamos periodismo y comunicaciones, más allá de las salas de redacción de los diarios y revistas.

A las nuevas generaciones de periodístas hay que impulsarlos a buscar estos nuevos rumbos. A crear sus espacios, a unirse y generar nuevos medios, a buscar espacios más allá de la redacción tradicional. Lo que no debemos hacer es seguir ideas como la del Colegio de Periodistas que busca limitar la creación de escuelas de periodismo o derechamente llamando a los jóvenes a no estudiar la disciplina.

No soy miembro del Colegio de Periodistas de Chile y nunca lo seré. Yo vivo en el siglo XXI y ellos al parecer, a mediados del siglo XX.